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¿Qué pasa cuando nuestros sueños son truncados?

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Todos en algún momento de la vida enfrentamos situaciones inesperadas que nos descolocan, nos dejan en la incertidumbre y nos cuestionamos si existe algún futuro para nosotros.


La historia de Joni Eareckson Tada es un claro ejemplo de cómo un sueño puede desvanecerse de un momento a otro, pero también es un testimonio de cómo, incluso en la oscuridad, se puede encontrar esperanza.


Joni era una joven de 17 años, lleno de vida, muy atleta que amaba los deportes y los caballos. Su futuro estaba lleno de posibilidades y sueños, hasta que un trágico accidente cambió todo. Mientras buceaba en aguas poco profundas, se lesionó gravemente la cuarta vértebra en su cuello. En un instante, sus sueños de estudiar, viajar y vivir una vida activa se desmoronaron. El impacto de la lesión la dejó en una silla de ruedas, sin poder mover sus piernas ni sus manos. Joni cayó en una profunda depresión, enfrentando un dolor físico y emocional tan grande que le parecía imposible hallar esperanza en medio de su sufrimiento.


Sin embargo, fue en ese lugar de desesperación donde encontró consuelo en las palabras de Jeremías 29:11: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el SEÑOR—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” Estas palabras fueron dirigidas a los israelitas en cautiverio, un pueblo que también se encontraba en circunstancias de dolor, confusión y aparente abandono. Ellos se preguntaban si Dios los había olvidado, si su sufrimiento no tenía sentido y si algún día volverían a tener esperanza.

Joni, al igual que los israelitas en Babilonia, se encontró luchando con la pregunta: ¿Cómo puede un plan de bienestar y esperanza ser posible cuando estoy atrapada en mi propio cuerpo, sin poder hacer nada de lo que soñé? A lo largo de su proceso de recuperación, Joni descubrió que, aunque no podía cambiar lo que le había sucedido, podía encontrar un propósito más grande en su sufrimiento. Mas adelante, se convirtió en una defensora de los discapacitados y en una oradora que sigue inspirando a miles de personas a través de su fe, resiliencia y valentía.


Al igual que ella, cada uno de nosotros enfrenta momentos difíciles y situaciones que nos sacuden, nos desafían y, a veces, nos hacen dudar de la bondad de Dios. Quizá no todos estemos pasando por pruebas tan extremas como la de Joni, pero todos enfrentamos desafíos. Pueden ser problemas de salud, pérdidas personales, conflictos familiares, frustraciones profesionales o cualquier otra dificultad que nos haga sentir que nuestro mundo se derrumba. Y en esos momentos, podemos preguntarnos: ¿Dónde está Dios?


Es crucial recordar que, aunque no siempre entendemos el porqué de nuestras luchas, Dios sigue estando con nosotros. Él ve el panorama completo, y aunque el camino a veces sea oscuro, su luz sigue guiando nuestros pasos. La promesa de Jeremías 29:11 no se refiere a la ausencia de dificultades, sino a que, a través de esas dificultades, Dios tiene un propósito para nuestra vida, un futuro lleno de esperanza, aunque no siempre sea como lo habíamos planeado.


Cuando nuestras vidas toman giros inesperados, y nuestros sueños parecen desvanecerse, podemos confiar en que, como hizo con los israelitas, Dios tiene un plan para nosotros. Él está con nosotros en cada momento de angustia, en cada prueba y en cada incertidumbre. No importa lo grande o pequeño que sea el desafío, su amor nunca nos abandona. Aunque tal vez no entendamos el propósito de nuestro sufrimiento en el momento, podemos confiar en que, a través de la adversidad, Él nos moldea, nos enseña y nos prepara para algo más grande de lo que podemos imaginar.

 

Ministerio Encuentro



 
 
 

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